Cannabis light, la revolución del CBD
En kannabia.es sabemos que el CBD está de moda. Su uso y propiedades son tendencia en este momento. No se trata de una guerra entre cannabinoides, sino de que estamos viviendo el momento más álgido del…
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La ley contempla la creación de una Autoridad Reguladora del cannabis que será la encargada de otorgar las licencias de cultivo, almacenamiento, venta, distribución y exportación de la planta, además de los permisos para la investigación sobre el cannabis, conocido popularmente como ‘chamba’. El consumo seguirá, sin embargo, siendo ilegal en el país, que desde los años 70 se ha convertido en un destino turístico ligado a esta planta, según señala la organización Prohibition Partners en su informe sobre el cannabis en África de marzo de 2019
La ley, aprobada a finales de febrero, contempla penas de cárcel de hasta 25 años y multas de 50.000 millones de kwachas (unos 62 mil euros) para quienes cultiven, procesen o distribuyan cannabis sin licencia y de cinco años de prisión y 10.000 millones de kwachas (más de 12 mil euros) a quienes presenten información falsa para obtener una licencia.
La legalización del cannabis medicinal e industrial en Malawi tiene el fin económico de servir de relevo al cultivo de tabaco, en declive desde 2011, y que supone aun la mayor fuente de ingresos del país, responsable del 60% de las divisas extranjeras a pesar de que es un cultivo controlado fuertemente en el país por la British American Tobacoo, demandada por explotación de mano de obra infantil en el país. Malawi, donde el 80% de la población se dedica a la agricultura, es el tercer país más pobre del mundo, solo por detrás de Sudán del Sur y Burundi, con una renta per cápita de 361,5 dólares en 2019, según datos del Fondo Monetario Internacional.
El proyecto de ley siguió a una moción aprobada en junio de 2016 para la legalización del cannabis industria, impulsada por Boniface Kadzamira, diputado del Parlamento por el distrito de Ntchsi, en la región central del país, para sustituir a las divisas que habían dejado de llegar por la bajada del consumo de tabaco a nivel mundial. Tres años antes, el Gobierno de Malawi había autorizado a dos empresas que llevaran a cabo investigaciones sobre el cáñamo industrial y medicinal, según señala AfricaNews.
«Creo firmemente que el cannabis reemplazará a largo plazo el tabaco para convertirse en nuestro principal cultivo comercial, lo que contribuirá enormemente al PIB», afirmó Kadzamira tras su aprobación a The Guardian. El diputado auguró que esta industria creará grandes oportunidades de empleo tanto en los sectores agrícola como industrial.
Según el estudio de Prohibition Partners, el cultivo, consumo y tráfico de cannabis se había convertido en la principal actividad ilegal en Malawi, aunque el consumo rara vez es perseguido por la policía, ya que es tradicional para la población rastafari, que suma un millón de los 18,6 millones de habitantes en Malawi, y que llevan años reclamando la despenalización del cannabis.
“No queremos que se repita lo que ha pasado con la industria del tabaco. Los malauíes participarán, no como aparceros sino como iguales, en este nuevo sector”, ha asegurado Kadzamira.
Sin embargo, una de las dos primeras compañías en conseguir una autorización gubernamental para investigar sobre el cáñamo, y que ha estado presente como asesora en el proceso del proyecto de ley, es Invergrow, fundada por la británica Tanya Clarke.
El estudio “Ill-gotten Money and the Economy: experiences from Malawi and Namibia”, publicado por el Banco Mundial en 2011, calcula en 70.000 kilos las ventas anuales de cannabis de Malawi —teniendo en cuenta las incautaciones policiales—, la mayor parte de ellas para exportación a Sudáfrica, Kenia y otros países del entorno, con un valor total que supone el 0,2% del Producto Interior Bruto (PIB) del país, frente al 5% que representa la corrupción o el hasta el 12% de la evasión de impuesto. Los cultivos se localizan en sitios remotos en el norte y centro de Malawi, campos sin acceso por carretera, con cultivos escondidos entre arbustos o intercalados con otros cultivos como mandioca, maíz o caña de azúcar. El estudio señala que los agricultores, que son en su mayoría mujeres, se quedan con una parte muy pequeña de los beneficios, apenas la quinta parte, siendo el sector de la distribución el que más ingresa.